
Las úlceras por presión, conocidas comúnmente como escaras, son una de las complicaciones más frecuentes y a la vez más prevenibles en adultos mayores con movilidad reducida. Se trata de lesiones que se forman cuando la piel y los tejidos subyacentes permanecen sometidos a presión constante durante un tiempo prolongado, generalmente en personas que pasan largas horas en cama o en silla de ruedas. Aunque su aparición puede parecer inevitable en ciertos contextos, la realidad es que con los cuidados adecuados es posible prevenirlas en la gran mayoría de los casos.
Qué son y por qué se forman
Cuando una zona del cuerpo permanece presionada contra una superficie durante mucho tiempo, se reduce el flujo sanguíneo hacia esa área. Si la presión no se alivia periódicamente, los tejidos comienzan a dañarse por falta de oxígeno y nutrientes, lo que puede derivar en una herida que, según su gravedad, va desde un simple enrojecimiento hasta una lesión profunda que compromete músculo o hueso.

Las zonas más propensas a desarrollar úlceras por presión son aquellas donde el hueso está más cerca de la superficie de la piel: talones, caderas, sacro (zona baja de la espalda), codos, omóplatos y la parte posterior de la cabeza.
Factores que aumentan el riesgo
- Inmovilidad prolongada: personas encamadas o con uso constante de silla de ruedas.
- Edad avanzada: la piel de los adultos mayores es más frágil y con menor capacidad de regeneración.
- Mala nutrición e hidratación: la desnutrición y la deshidratación debilitan la piel y retrasan la cicatrización.
- Humedad constante: el contacto prolongado con sudor, orina o heces debilita la barrera natural de la piel.
- Enfermedades crónicas: diabetes, problemas circulatorios y enfermedades neurológicas aumentan la vulnerabilidad.
- Pérdida de sensibilidad: algunas condiciones médicas impiden que la persona sienta la necesidad de cambiar de posición.
Estrategias clave de prevención
Cambios posturales frecuentes
Es la medida más importante. Se recomienda cambiar de posición a la persona cada 2 a 3 horas cuando está en cama, y cada hora aproximadamente cuando permanece en silla de ruedas. Alternar entre distintas posiciones (boca arriba, de lado derecho, de lado izquierdo) distribuye la presión y evita que una misma zona esté comprometida por demasiado tiempo.

Cuidado riguroso de la piel
- Revisar la piel diariamente, prestando especial atención a las zonas de mayor riesgo.
- Mantenerla limpia y seca, evitando que permanezca húmeda por periodos prolongados.
- Hidratarla con cremas específicas, evitando masajear directamente sobre zonas enrojecidas, ya que esto puede empeorar el daño en lugar de prevenirlo.
- Evitar el uso de productos con alcohol o fragancias fuertes que puedan resecar o irritar la piel.
Control de la humedad
La exposición prolongada a la humedad, especialmente en personas con incontinencia, es uno de los principales factores que aceleran la formación de úlceras. En estos casos, es fundamental realizar cambios frecuentes, utilizar productos absorbentes de calidad y proteger adecuadamente la superficie donde descansa la persona. El uso de un protector de cama desechable ayuda a mantener seca la zona de contacto, facilita los cambios rápidos y reduce el riesgo de que la humedad prolongada dañe la piel.
Superficies especiales de apoyo
Existen colchones y cojines diseñados específicamente para redistribuir la presión corporal, como los colchones de aire alternante o de espuma viscoelástica. Estos dispositivos no reemplazan los cambios posturales, pero complementan la prevención al reducir la presión sostenida sobre las zonas más vulnerables.
Nutrición e hidratación adecuadas
Una alimentación equilibrada, rica en proteínas, vitaminas (especialmente C y A) y minerales como el zinc, favorece la salud e integridad de la piel. Mantener una buena hidratación también es esencial, ya que la piel deshidratada es más propensa a lesionarse.
Señales de alerta que no deben ignorarse
Es importante estar atentos a cualquier cambio en la piel, especialmente:
- Enrojecimiento que no desaparece al retirar la presión.
- Zonas de piel más calientes o frías que el resto.
- Cambios de color (morado, azulado).
- Ampollas o pequeñas heridas abiertas.
- Dolor localizado, aunque la persona tenga dificultad para expresarlo claramente.
Ante cualquiera de estos signos, es recomendable actuar de inmediato: aliviar la presión en esa zona, evitar apoyarse sobre ella y consultar con el equipo médico para una evaluación oportuna, ya que las úlceras avanzan con rapidez si no se atienden a tiempo.
Un trabajo en equipo
La prevención de úlceras por presión no depende de una sola acción, sino de la combinación de varios cuidados sostenidos en el tiempo: movilización regular, higiene de la piel, control de la humedad, buena nutrición y el uso de los productos de apoyo adecuados. Involucrar a toda la familia o al equipo de cuidadores en esta rutina facilita que ningún aspecto se pase por alto.
Las úlceras por presión son una complicación seria, pero altamente prevenible cuando se adoptan medidas constantes y adecuadas. Estar atentos a los factores de riesgo, mantener una rutina de cuidados diarios y contar con el equipamiento correcto son pasos fundamentales para proteger la piel y la calidad de vida de los adultos mayores con movilidad reducida.